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"Trabajamos por la vida"

 

Asistencia - Docencia - Investigación - Prevención

Anorexias y Bulimias. Las cosas del comer, Ediciones Fumtadip, Buenos Aires, 1995.

 

Boaventura de Sousa Santos: Crítica de la Razón Indolente, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2003. 

En esta selección de texto profundizamos el tema del Cambio, de los cambios con los que nos enfrentamos en este nuevo siglo, donde los paradigmas de la modernidad han fracasado, donde nada es lo que era y donde la incertidumbre es reina. Este volumen, lleno de sentido común, que inspira la reflexión sobre los derechos humanos, la ciencia, la política abordados con criterio reflexivo y crítico, es de interés no sólo para profesionales de la ley, sino para todos quienes esten interesados en los cambios políticos, económicos y sociales en este recién nacido siglo XXI. 

Lic. Amanda López Molina

(Selección de texto)

CAPÍTULO III

UNA CARTOGRAFÍA SIMBÓLICA DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES:

EL CASO DEL DERECHO

Todos los conceptos con que representamos la realidad y a través de los cuales construimos las diferentes ciencias sociales y sus especializaciones, la sociedad y el estado, el individuo y la comunidad, la ciudad y el campo, las clases sociales y las trayectorias personales, la producción y la cultura, el derecho y la violencia, el régimen político y los movimientos sociales, la identidad nacional y el sistema mundial, todos estos conceptos tienen una contextura espacial, física y simbólica que se nos escapa por el hecho de que nuestros instrumentos analíticos están de espaldas a ella, pero que,  ahora vemos, es la llave de la comprensión de las relaciones sociales en las que se teje cada uno de estos conceptos.  Siendo así, el modo como imaginamos lo real espacial puede venir a transformarse en la matriz de las referencias con que imaginamos todos los demás aspectos de la realidad.

(...)

Son varios los modos de imaginar y representar el espacio.  De entre ellos, selecciono los mapas y, en estos, los mapas cartográficos.  Pareo del derecho, que, como defendí en la Primera Parte, comparte con la ciencia las tareas de racionalización del Estado y de la sociedad modernos.  El análisis cartográfico del derecho permite identificar las estructuras profundas de la representación jurídica de la realidad social, casi siempre ausentes en los debates sobre los límites y las crisis del derecho a los que pasamos revista en el Capítulo II.  La comparación propuesta es, entonces, entre mapas y derecho.

El derecho, esto es, las leyes, las normas, las costumbres, las instituciones jurídicas, es un conjunto de representaciones sociales, un modo específico de imaginar la realidad que, a mi entender, tiene muchas semejanzas con los mapas.  El análisis de tales semejanzas presupone, en un primer momento, que el derecho sea concebido, metafóricamente, como mapa y, en un segundo momento, que la metáfora sea tomada literalmente.  Obviamente, el derecho es mapa tan sólo en sentido metafórico.  Pero los tratados de retórica nos enseñan  que el uso repetido de una metáfora durante un largo período de tiempo transforma gradualmente la descripción metafórica en una descripción literal (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1969:405).  Las normas jurídicas son hoy mapas en sentido metafórico.  Mañana, podrán eventualmente serlo en sentido literal.  La estrategia analítica aquí propuesta nos obliga a un corto circuito entre el hoy y el mañana, una suspensión del tiempo que crea espacio para el espacio.

Los mapas son distorsiones reguladas de la realidad, distorsiones organizadas de territorios que crean ilusiones creíbles de correspondencia.  Imaginando la irrealidad de las ilusiones reales, convertimos correspondencia ilusorias en oriewntación pragmática, confirmando la máxima de William James según la cual “lo importante es ser guiado” (James, 1969).  El derecho, tal como los mapas, s una distorsión regulada de territorios sociales.  Características que, además, comparte con los poemas.  De acuerdo con la teoría de la creación poética de Hrold Bloom (1973), los poetas (los poemas), con el fin de ser originales, tienen que distorsionar la tradición poética que les llegó a través de generaciones y generaciones de poetas (y de poemas) que los antecedieron.  Los poetas sufren la ansiedad de la influencia y la poesía es siempre el resultado de la tentativa del poeta por negarla.  Los poetas superan la ansiedad de la influencia distorsionando la realidad poética.

El mapa, el poema y el derecho, aunque por diferentes razones, distorsionan las realidades sociales, las tradiciones o los territorios, y todos lo hacen según ciertas reglas.  Los mapas distorsionan la realidad para instituir la orientación; los poemas distorsionan la realidad par instituir la originalidad; el derecho distorsiona la realidad para instituir la exclusividad.  En lo tocante al derecho, por ejemplo, e independientemente de la pluralidad de las órdenes normativas que circulan en la sociedad, cada una de estas, considerada por separad, aspira a se exclusiva, a detentar el monopolio de la regulación y el control de la acción social dentro de su territorio jurídico.

(...)

Esta distorsión de la realidad no es caótica.  Se da a través de mecanismos y de operaciones de determinados y determinables.  Pretendo mostrar en este capítulo los isomorfismos entre las reglas y los procedimientos de distorsión cartográfica, por un lado, y ls reglas y los procedimientos de distorsión jurídica, po otro.  A mi entender, las relaciones de las diferentes juridicidades en la realidad social son muy semejantes a las que existen entre los mapas y la realidad espacial.  De hecho, las juridicidades son mapa; los derechos escritos son mapas cartográficos; los derechos consuetudinarios (customary) e informales son mapas mentales.  Esta es una metáfora fuerte, y, como tal, será tomada literalmente.  De ahí que el subtítulo de este capítulo podría ser muy bien: “ como tomar las metáforas en sentido literal”.

Este abordaje, que puede designarse como cartografía simbólica del derecho, tiene, a mi entender, un doble mérito.  Por un lado, permite resolver algunos problemas de la sociología del derecho hasta ahora sin resolución.  Permite, por ejemplo, desarrollar una conceptualización sociológica del derecho autónoma de la que ha sido elaborada por los juristas y por la ciencia jurídica y con eso hace posible superar uno de los más persistentes obstáculos epistemológicos  a la constitución de un objeto teórico propio de la sociología del derecho.  Por otro lado, la concepción del derecho en sociedad hacia la que apunta cuestiona radicalmente algunos de los postulados filosóficos y políticos de la teoría liberal del Estado y del derecho modernos y, por esa vía, contribuye par la construcción de un pensamiento jurídico propio de la transición paradigmática, o sea, para la construcción de una concepción postmoderna del derecho.

1. Comprender los mapas

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1.1   Escala

La escala es el primer gran mecanismo de representación/distorsión de la realidad.  La escala es “la relación entre la distancia en el mapa y la correspondiente distancia en el terreno” (Monmonier, 1981:41) y, como tal, implica una decisión sobre el grado de pormenorización de la representación.  Los mapas de gran escala tienen un grado más elevado de pormenorización que los mapas de pequeña escala porque cubren un área inferior, a la que es cubierta, en el mismo espacio de diseño, por los mapas de pequeña escala.  Los mapas son siempre “una versión miniaturizada” (Keates, 1982:73) de la realidad y, por eso, envuelven siempre una decisión sobre los detalles más significativos y sus características más relevantes.  Como dice Muehrcke, “lo que torna el mapa tan útil es su carácter de omisión.  Es el reducir la realidad a su esencia” (1986:10).  Es fácil de ver que la decisión sobre el tipo de uso del mapa y viceversa.  Por ejemplo, “los mapas de pequeña escala no permiten determinar con exactitud la anchura de las carreteras o de los ríos pero permiten determinar con exactitud las posiciones relativas de estos elementos, entre sí y en relación a los demás accidentes del terreno” (Monmonier, 1981:4).

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El mecanismo de la escala también se aplica a la acción social porque media entre intención y acción.  Los urbanistas y los jefes milirares, tal como los administradores y los legisladores, definen las estrategias en pequeña escala y deciden la actuación cotidiana en gran escala.  El poder tiende a representar la realidad social y física en una escala escogida por su virtualidad para crear los fenómenos que maximizan las condiciones de reproducción del poder.  La representación / distorsión de la realidad es un presupuesto del ejercicio del poder.

1.2   Proyección

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1.3   Simbolización

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2. Una cartografía simbólica del derecho

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2.1   El derecho y la escala

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2.2   El derecho y la proyección

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2.3   El derecho y la simbolización

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3. Para una concepción post-moderna de las representaciones sociales

Los mapas son objetos vulgares, triviales.  Hacen parte de nuestro cotidiano al mismo tiempo que  nos orientan en él.  Como dice Hogdkiss, es difícil no se confrontados en nuestra rutina diaria con por lo menos dos mapas ciertos encontrarnos con un mapa blanco y negro para señalar y localizar cualquier acontecimiento importante.  Cuando llegamos a casa, al final del día, el noticiero de televisión también nos mostrará un mapa con el mismo objetivo.  Más allá de eso, la previsión del tiempo nos hecha cotidianamente, tanto en la prensa, como en la televisión, con la ayuda de fotografías de satélite y de mapas particularmente concebidos para facilitar la comprensión (1981: 11).

Al usar como metáfora de base un objeto tan común y vulgar como el mapa, la cartografía simbólica del derecho pretende contribuir para vulgarizar y trivializar el derecho con la intención de abrir camino para un nuevo sentido común jurídico.  El tema central de este libro es la construcción de un nuevo sentido común capaz de sustentar la intangibilidad y la luchas emancipadoras en la transición paradigmática.  El nuevo sentido común jurídico propuesto en este volumen es parte constitutiva del nuevo sentido común por el que debe orientarse el conocimiento del paradigma emergente.  Como referí en el capítulo I, tendrá que estar suficientemente alejado del sentido común existente para poderlo criticar y eventualmente recusar, pero, por otro lado, tiene que estar suficientemente próximo de él para tener presente que el único objetivo legítimo del conocimiento – emancipación es la construcción de un nuevo sentido común.

La cartografía simbólica del derecho aquí trazada es una de las vías de acceso a una concepción post – moderna del derecho.  A lo largo de la exposición, fui presentando algunos de los componentes básicos de esta concepción.  Algunos de ellos fueron ya presentados en el capítulo II y serán retomados en capítulo V, otros serán desarrollados en los volúmenes 2º y 3º.  El primero y tal vez más importante es el concepto de pluralismo jurídico.  No se trata del pluralismo jurídico estudiado y teorizado por la antropología jurídica, o sea, de la coexistencia, en el mismo espacio geográficamente segregados.  Se trata, si, de la yuxtaposición, articulación e interpretación de varios espacios jurídicos mezclados, tanto en nuestras actitudes, como en nuestros comportamientos, sea en momentos de crisis o de transformación cualitativa de las trayectorias personales y sociales, sea en la rutina tibia de lo cotidiano sin historia.  Vivimos un tiempo de porosidad ética y jurídica, de un derecho poroso constituido por múltiples redes de ordenes jurídicos que nos fuerzan a constantes transiciones y transgresiones.  La vida socio – jurídica de fin de siglo es constituida por la intersección de diferentes líneas de fronteras y el respeto de unas implica necesariamente la violación de otras.  Somos, pues, transgresores compulsivos, el otro lado de la libertad multiplicada por sí misma según el ideario de la modernidad.

La intersección de las fronteras éticas y jurídicas nos conduce al segundo concepto – llave de una visión post – moderna del derecho, el concepto de interlegalidad.  La interlegalidad

Es la dimensión fenomenológia del pluralismo jurídico.  Se trata de un proceso altamente dinámico porque los diferentes espacios jurídicos no son sincrónicos y por eso también las mezclas de códigos de escala, de proyección o de simbolización son siempre desiguales e inestables.  La mezcla de códigos es visible en todos los procesos sociales que investigué.  Es también visible en el modo como el derecho global emergente, al que hice referencia, se apropia de los lenguajes jurídicos, locales o tradicionales.  Pienso que he demostrado que ese derecho, en cuanto juridacidad de pequeña escala, mezcla una visión telescópica de la realidad con una retórica moralista típica de la juricidad local y de gran escala.   Al mismo tiempo que amplía el espacio jurídico hasta la escala planetaria, crea particularismos y personalismos que recuerdan los privilegios de los status medievales ligados a las diversas profesiones juris.

(...)

Al contrario del sentido común jurídico hoy dominante, el nuevo sentido común parte de una concepción de derecho autónoma de la que es producida por las profesiones e instituciones jurídicas del estado moderno y que está en la base de la ideología jurídica dominante.  Al cuestionar esta ideología en tanto que forma de auto-conocimiento que legitima y  naturaliza el poder social de los profesionales y de las clases sociales que ellos sirven con mayor o menor autonomía, el nuevo sentido común jurídico es un conocimiento vulgar más crítico.  Trivializar y vulgarizar el derecho implica necesariamente, es una fase de transición ideológica, cuestionar y criticar el poder social de los que insisten en la sacralización, ritualización y profesionalización del derecho.

Dije arriba que merecía la pena probar las virtualidades teóricas y analíticas de la cartografía simbólica en el estudio de otras representaciones sociales más allá del derecho.  Pienso que merecerá particularmente la pena el caso de las representaciones sociales que tienen un contenido normativo explícito cuya reproducción expandida es asegurada por organizaciones formales servidas  por conocimientos y prácticas profesionalizados.  Así será el caso de la religión y de la educación pero la verdad de todas las demás prácticas y representaciones sociales cristalizadas en instituciones formales, profesionalizadas, de las fuerzas armadas al movimiento sindical, del deporte a la seguridad social.  Las virtualidades de la cartografía simbólica, o sea, de un abordaje asentado en el estudio de las escalas, de las proyecciones y de las simbolizaciones, son fundamentalmente tres.

 (...) 

Las reglas de la escala, de la proyección y de la simbolización son procedimientos que, sin ser neutros, tienen una dimensión técnica propia que preside las mediaciones y hasta las rupturas entre intereses en instituciones, entre estas y su impacto.   El abordaje cartográfico parte del postulado de que los intereses grupales o de clase hacen suceder todo pero no explican nada.  Y esto porque la explicación nunca explica lo que sucede sino cómo sucede, en otras palabras, porque el “que” del acontecer sólo es susceptible de la proyección en tanto que “como” del acontecer.  Un abordaje de este tipo, atento a la mecánica terrestre de las cosas, puede se acusada de formalismo analítico.  Juzgo, sin embargo, que nuestro siglo ha sido demasiado polarizado por la oposición formal/informal, tanto en la acción social, como en el análisis científico, tanto en el arte, como la literatura.  Ahora que nos aproximamos al final del siglo, es tiempo de ver lo formal en lo informal y lo informal en lo formal y no asumir posiciones dogmáticas respecto de la positividad o negatividad de cualquiera de ellos.

En tercer lugar, y finalmente, las virtualidades de un abordaje centrado en las escalas, proyecciones y simbolizaciones, residen en la combinación entre el análisis estructural y el análisis constituye uno de los talones de Aquiles de la sociología moderna.  Comenzamos por desacreditar de los individuos y el sentido que conferían a su vida  y a la vida de los otros.  Durkheim nos enseñó que la conciencia individual era un cáliz y el descubrimiento de la subjetividad, de la interacción simbólica y de la creación interpersonal de sentido nos hizo imaginar que nadábamos en la alta mar de la intersubjetividad, olvidando de que las elevadas olas no traspasaban de los cálices en los que estábamos sumergidos.  Hoy, es tan necesario saber imaginar el mar n los cálices, como saber imaginar los cálices en el mar.  Los mapas el objeto cuyo diseño está más estrictamente vinculado al uso al que se le quiere destinar.  Por eso, las reglas de la escala, de la proyección y de la simbolización son los modos de estructura en el espacio diseñado una respuesta adecuada a nuestra subjetividad, la intención práctica con que dialogamos con el mapa.  Así, los mapas son un campo estructurado de intencionalidades, una lengua franca que permite la conversación siempre inacabada entre la representación de lo que somos y la orientación que buscamos.  La incomplexión estructurada de los mapas es la condición de la creatividad con que nos movemos entre sus puntos fijos.  De nada valdría diseñar mapas si no hubiera viajantes para recorrerlos.

(...)

Agradecemos a Desclée De Brouwer por la autorización para la publicación de este material

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